
- La polarización "campo-gobierno" mostró actores sociales disímiles en el campo de la acción mediática: por un lado la "gente" y por el otro los "piqueteros".
- Es decir, aquellos que, por un lado, "viven del trabajo y el esfuerzo propio" y de, por el otro, esos que "viven gracias a lo prestado, a lo ajeno, al favor de lo público".
- El enfrentamiento, contrapone a los que reniegan de la política y a los que "abrazan la política como politiquería" y como "rosca en propio beneficio".
- La problemática también enfrenta a "los que quieren vivir de su trabajo" y los desean "vivir sin trabajar".
- Las posturas antagónicas recrean viejos odios de clase: "nosotros", la clase media que se siente forjadora del sentir nacional y la clase media-baja o baja desocupada y "vaga" que busca zafar al calor de aquel que le tire "un puestito en el Estado".
- Estos días de riña no hicieron más que resucitar en la Argentina una clara diferenciación entre "nosotros" y "ellos".
Como me dijo el filósofo y teólogo Rubén Dri, este conflicto de partes no es más que una lucha de clases condimentada por circunstancias que la hacen particular y apoyada en circunstancias precisas y actuales de la realidad social argentina.
Pero no deja de ser una clara lucha de clases:
- "peques" y "tetistas", desde la mirada clasemedistas;
- "golpistas" y "populares", para aquellos que abrazan el ideario nacional y popular que agita el kirchnerismo con dudoso anclaje en sus políticas de Estado.
Dicha estigmatización fue constituída al calor de aquellos "padres de la Patria" y por sus sucesores herederos de una nación que, aún hoy, continúa dividida en sus raíces sociales.
El conflicto patronal agraria-gobierno no hace más que agitar este antagonismo de clase y hace visible esa escisión social que la Argentina supo contrastar con la pujanza de los sectores medios-urbanos-obreros que hoy piden volver al escenario que supieron ocupar.







