viernes, 24 de abril de 2009

Medios haraganes

Nuestra contemporaneidad social vive un proceso de búsqueda del equilibrio entre lo que la gente vive en sus vidas cotidianas y lo que los medios de comunicación propagan como “su” cotidianeidad, “su” verdad.


No será fácil hallar ese lugar medio en el cual confluyan ambas miradas sobre la realidad que nos circunda.


Pero el debate es acerca de qué realidad vamos a tomar como verdad; pareciera que el camino en el que nos posicionamos es en el del esclarecimiento filosófico, pero intentaremos ir por otros senderos menos ambiciosos.


Al encender nuestra atención en las charlas de familiares, amigos y circunstanciales interlocutores los temas de interés mediático brotan por doquier.


Es así que hasta nuestros pequeños hijos de no más de 10 años terminan captando parte de esas construcciones mediáticas para tomarlas como parte de sus diálogos de niños; “¿viste que a una señora la golpearon en la cabeza para robar en su casa?”; “ayer el noticiero dijo que el gobierno es sordo”, y otros comentarios del mismo tenor.


¿Por qué será que nuestras sociedades, desde los adultos hasta esos pequeños, terminan debatiendo sobre lo que los medios instalan como temas de interés? ¿Se acabaron nuestros problemas personales, o bien ponemos nuestras cuestiones y las ajenas en planos de igualdad?


Esta toma de temas “de prestado” parte de una haraganería intelectual de vastos sectores sociales que, definitivamente, entraron en la etapa de pasividad racional para dar lugar a una actitud de recepción benevolente de cuanto tema se le proponga como de supuesto interés público.


¿Quién discute hoy si lo que se informa en la televisión, radio o en la mismísima Internet resulta realmente interesante?


Peor aún: ¿quién puso en duda la credibilidad de lo que “vomitivamente” se informa minuto a minuto en señales televisivas de noticias por cable, por ejemplo?


El sociólogo y filósofo estadounidense Alvin Gouldner señalaba que la ideología permite que personas, aún alejadas geográficamente, puedan confluir en ideas comunes, capaces de transformarse en motivadoras de acciones políticas colectivas. Sería algo así como lograr ponerse en puntas de pies en medio de una multitud para poder encontrar a aquel otro con quien compartir un buen motivo en común como para partir del lugar. Una tarea difícil por cierto, pero no imposible, siempre y cuando exista la voluntad de escapar de esa masa humana ingente e informe para sumarse a aquellos con los cuales creemos poder unirnos.


¿Quién está realmente dispuesto a semejante desafío?


La haraganería intelectual nos ha empujado a seguir siendo parte de esa turba humana, pero creídos de ser parte de un debate ideológico público y participativo por el sólo hecho de mirar todos hacia el mismo escenario del espectáculo mediático.


Mirar concentradamente hacia el show de los medios y adherir a sus contenidos no nos hace parte del evento más que como espectadores; la posibilidad de elegir el repertorio del mismo es imposible o por lo menos indirecta, diferida y parcial; apenas si podremos cambiar algo de los medios de comunicación mediante alguna inquietud marketinera de las empresas de comunicación en su público televidente, oyente o lector.


La creencia es poder ser agente de cambio de lo que se debate mediáticamente.

Recientemente la Argentina vivió una situación que pinta de cuerpo entero la cuestión.


Como consecuencia del asesinato de un asistente de la conductora televisiva Susana Giménez y el crimen de un hombre, vecino del empleado de la diva argentina, se conformó un (supuesto) grupo espontáneo de hombres y mujeres exigiendo seguridad, castigo a los delincuentes y hasta la muerte para los asesinos.


La movida terminó en una convocatoria ampliamente difundida (una vez más) por los medios de comunicación a realizarse en la Plaza de Mayo, frente a la sede del gobierno nacional.


La marcha por la seguridad tuvo decenas de miles de adherentes a través de distintas redes sociales de Internet, especialmente Facebook; pero el resultado real, concreto, palpable en los alrededores de la histórica Plaza, fue exiguo.


De los cerca de 80.000 ciudadanos comprometidos que dieron su visto bueno a la movilización apenas 1.000 ó 2.000 fueron los que asistieron a la convocatoria.


Moraleja: varias, por cierto; pero una de ellas puede ser que aquello de que apretando teclas y botones de mouses no se logra ser mejor ciudadano, más comprometido y más próximo a las causas que creemos justas.


Incluso la abundancia de “causas nobles” termina por hacernos adherentes “por default” a toda movida bien intencionada; es como dar monedas indiscriminadamente a toda persona que pida una ayuda en la calle, sin al menos poder indagar de tanto en tanto hacia donde van nuestras donaciones al paso.


Volvemos a la haraganería, sin dudas, a la intelectual, claro.


Y es que la recurrencia de ese estado mental no es más que un prerrequisito de la civilidad contemporánea.


Basta con prender un televisor, encender la radio o entrar a cualquier sitio www para creernos parte del mundo; y con derecho a cambiarlo.


Ya veremos si lo cambios que necesitan nuestra movilización social se darán por simple doble click o por acción militante a la vieja usanza; puede ser que estemos en el momento de la muerte de un modo de participación para dar nacimiento a otro.


Pero siempre hay que tener presente que en estas pampas rioplatenses y aún en el anhelado primer mundo actual, el cambio parece seguir lográndose poniendo el cuerpo.


Son realmente interesantes e impactantes social y políticamente, por ejemplo, las imágenes de trabajadores franceses o alemanes tomando como rehenes a sus jefes por dejarlos en la calle, sin trabajo.


Incluso desde antes del estallido de la crisis mundial, no han sido menos movilizadoras las marchas contra la ETA en España, contra la mafia en Italia, a favor del régimen castrista, aún hoy, en Cuba e incluso en la Argentina la multitudinaria convocatoria que, aunque sólo una vez y de manera cuestionable, logró realizar el sector agroexportador criollo contra el gobierno de Cristina Fernández, durante gran parte del año 2008.


Pareciera que algunos hombres y algunas mujeres, en este joven siglo XXI, todavía siguen apostando a la acción directa, concreta y palpable como método para lograr un cambio posible de su realidad.


Sin embargo, no hay que engañarse, y en cambio habrá que advertir si esa decidida acción de lanzarse a las calles es fruto de un auténtico estado de conciencia colectiva, lejos de la pretendida ambición mediática de instalar como “opinión pública” sólo aquello que desean transmitir y que resulta ser en definitiva SU “opinión publicada”.

1 comentario:

DIEGO dijo...

DIEGO, POR SI NO LO LEÍSTE, TE PASO ESTO DE "LINEAROJA", PUBLICADO POR EDUARDO REAL EN SU BLOG.

DEMUESTRA COMO PUEDE SER DE "OBJETIVA" LA "REALIDAD"

Si ganamos, “Es robo de boletas”
Si perdemos, “Es la soberbia”
Si crecemos a tasas chinas, “Es viento de cola”
Si las Madres son del palo “Es cooptación”
Si se enjuicia a los asesinos y torturadores de la dictadura, “Es revanchismo”
Si los lugares de veraneo reventaban en Semana Santa, “Es el clima que acompaña”
Si no paran de construir edificios, “Es por falta de alternativas de inversión”
Si se paran, “Es por falta de un plan anticíclico”
Si se estatizan las AFJP, “Es la caja”
Si se sinceran las candidaturas que nunca nadie completa, “Es trampa”
Si Artear tiene interferencias en el satélite, “Es Neshtor con la budinera”
Si no se produce el tan anunciado “Colapso Energético”, “Es el clima benigno”
Si el mentado “Aislamiento Internacional” se traduce en 4 cumbres en un mes, “Es Obama que no le da la mano”
Si se jubila a un millón ochocientos mil viejitos, “Es clientelismo”
Si Neshtor no se abrocha el saco, “Es impresentable”
Si Cris se viste a la moda, “Es la Vuitton”
Si coparticipamos las retenciones “Es fungible” (aka “Es la caja”)
Si no se mandan proyectos de ley al Congreso, “Es la diKtadura”
Si se mandan, “Es la escribanía”
Si se hace obra pública, “Es coima”
Si no se hace, “Es robo”
Si no pagamos la deuda, “Es la vergüenza internacional”
Si la pagamos, “Es descapitalizarse”
Si se reconocen los logros del gobierno “Es un ciber-ñoqui”
Si el gobierno critica a la oposición mediática “Es censura”
Si mi hijo acaba de comenzar a trabajar (hoy, y en blanco), “Es de culo”
Pero si se debate en todo el país el proyecto de la Ley de Medios… “No es momento”

¿Saben qué? ¡Váyanse a la recalcada concha de su madre!

* Con el inestimable apoyo y mejoramientos de Marcelo (Linearoja)
Regó juera'e la maceta: Eduardo Real el miércoles, abril 22, 2009 12 Choris mandaron fruta