domingo, 23 de marzo de 2008

No todos los chanchos son del mismo chiquero (segunda parte)

Siguiendo con nuestra postura crítica al gobierno K en materia de retenciones, acá va la entrevista del diario Crítica al historiador de temas de la economía rural de la UBA, Eduardo Azcuy Ameghino.

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El economista especializado en agro Eduardo Azcuy Ameghino defendió el aumento de las retenciones al campo: “Aun con el nuevo impuesto, la rentabilidad de los ruralistas supera la de 2007”. El director del Centro de Estudios Agrarios de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) planteó, a la vez, una crítica. Dijo que la medida, sin diferenciar entre grandes y chicos, favorece la concentración de la tierra.


–¿Cómo explicar la existencia de las retenciones?


–Esta historia no empezó ahora. Todo el siglo XX ha habido una tensión permanente entre el sector agropecuario y la industria. La razón es muy sencilla. El campo produce sobre una llanura muy fértil, con un costo laboral históricamente más bajo que los países centrales. Eso genera una renta diferencial internacional. Y la industria es la que tenemos: no integrada, dependiente de insumos importados. Hay grupos multinacionales, pero mucha industria pequeña y mediana que no es competitiva por el atraso tecnológico. Eso hace que cualquier gobierno ponga retenciones. La idea del impuesto apunta a captar una ganancia extraordinaria que no siempre tiene que ver con la performance del sector. Se reimplantaron retenciones con la devaluación al 3 a 1. El tipo que cobra en dólares, antes percibía 1 y luego 3 o 4. Se cuadriplica su ingreso. Esta última retención viene porque el precio internacional de repente se fue de 700 pesos a 1.100, un aumento que no es producto del esfuerzo del agricultor sino del aumento grande de precios. La sociedad se siente autorizada a tomar el excedente que está en ese sector por razones ajenas a ese sector y utilizarlo para otros fines.


–¿Pero es cierto que al campo le va tan bien?


–El Gobierno cometió tres errores. Cuando se anuncia una medida así, se puede convocar a los sectores interesados. El Gobierno no lo hizo. Si se sacaran 2.000 millones de dólares extra, se podría haber dicho a la sociedad y al campo: “el precio se disparó y con el dinero que dejan de ganar lo vamos a usar para reconstruir la red troncal ferroviaria o lo que fuera”. No pasó. Las retenciones son iguales para personas diferentes. Están pensadas como si el campo fuera algo homogéneo y que es lo mismo cualquier productor. Tercer error. Se podría aplicar una retención segmentada y eventualmente coparticipable. Porque le sacan un impuesto a las provincias productoras y va a rentas nacionales. No vuelve.


–¿Qué tan diferentes son un grande y un chico?


–Un tipo con 100.000 hectáreas, con rinde bajo, 3 toneladas por hectárea, produce 300.000 toneladas de granos. Con 100, produce 300 toneladas. El primero tiene otro costo de producción. No compra el gasoil en el surtidor, sino mayorista. El fertilizante, en Profertil, con un descuento del 18% sobre el precio minorista. La mano de obra, llama a licitación de contratistas, para que se maten por hacerle la cosecha más barata. Y vende mejor, por poder de mercado. Tiene bastante más rentabilidad. Exagerando, los tipos con estas características son el 10% de los productores agropecuarios. Pero aportan la parte del león de la producción. El resto son chacareros pequeños y medianos, que producen poco. Son los sobrevivientes de los 100.000 chacareros que desaparecieron entre el 88 y el 2002. Retenciones iguales para gente que tiene estas diferencias. Al no diferenciar, el Gobierno pareciera querer unir a todo el campo en su contra.


–Federación Agraria dice: “no nos une el amor sino el espanto”


–Desde mediados de los 90 se ha acelerado el proceso de concentración agraria.


–¿Cuánto gana un chacarero pequeño y uno grande?


–Hay una diferencia muy grande entre los que son propietarios y los que alquilan. Lo que está muy fuerte hoy es la renta de la tierra. Hoy la mayoría son propietarios porque los demás quedaron en el camino. Muchos son minirrentistas. Alquilan a pools de siembra. Se pactaron alquileres para esta campaña en 22 quintales, en tierras muy buenas. Digamos 20. En tierras no tan buenas, promedia 15 quintales. Con retenciones, la tonelada está 267 dólares. Da 530 y 400 dólares por hectárea, respectivamente. Es la renta por hectárea. Una persona que arrienda 100 ha. percibe 40.000 dólares. Uno que arrienda 1.000 ha está percibiendo medio millón de dólares. Aun con las nuevas retenciones, la renta todavía está por encima de lo que estaba el año pasado. Nadie de los sojeros está yendo a pérdida. Esta medida implica que dejan de ganar. La rentabilidad se mantiene igual que antes del aumento grande de los precios. Es cierto que los costos subieron mucho en dólares. Los productores chicos son a los que les aumenta más el costo y para los que el dejar de ganar los acerca a una situación que los puede complicar.


–¿Por qué las retenciones favorecen la concentración?


–Este dejar de ganar hace que aumente la concentración. Un ejemplo. Yo gano 500 dólares por hectárea. La cosa está difícil, los costos aumentan, el Gobierno metió esta retención. ¿Se justifica que tome el riesgo? Pero el grande y el chico están juntos en el piquete. El grande le dice en el piquete: “si esto no se arregla, no te preocupes, yo te alquilo en la tierra la próxima campaña”. Es el diálogo clave. Ahí desapareció un pequeño productor. Se hace rentista. Así sigue el proceso de concentración económica.


–¿Por qué el Gobierno hace esto?


–De los 100 que están en el piquete, 95 son pequeños y medianos productores que, con una retención segmentada, hasta se podría conseguir su apoyo político. Y el impuesto que se les cobra no cambia mucho las cosas, porque el 70% de la soja la tienen el 10%, o sea, los grandes.


–Pero es un gran error político.


–¿Pero es un error político o es la naturaleza de este Gobierno? Acordémonos de lo que pasó con la carne. Cuando los productores hicieron paro, los que mandaron vacas fueron Eduardo Eurnekian, los Werthein, la Hidrovía. El problema es que el Gobierno no sólo no segmenta, sino que termina apoyándose en los grandes. Los grandes se mueren de ganas de arreglar con el Gobierno.