jueves, 6 de marzo de 2008

Argentina: el país de la NO-reforma



Con apenas superficiales lecturas sobre la realidad de países latinoamericanos, y de otras regiones como Europa, te vas dando cuenta de que en la Argentina nada cambia y ni siquiera nadie parece lograr imponer el debate por modificar cuestiones clave para la vida cotidiana de millones de argentinos.

Veamos un pequeño panorama extra-nacional:

Reforma Política: de la que tanto se habló, pero sobre la que todavía no hay un mísero avance. La cuestión de los partidos políticos, su representatividad, financiación, sostén y demás ni se escucha como debate.

Países como México, Honduras y Bolivia viven hoy un amplio debate sobre reformas políticas y electorales que al menos reconocen que algo de lo que se da hoy en el-estado-de-cosas-de-la-democracia no está a la altura de las necesidades ciudadanas.

Reforma Sanitaria: nuestro país vive una lenta pero evidente reforma sanitaria, en términos históricos. Así, de la casi ausencia del negocio de la medicina privada hasta la década del 80, pasamos a convivir con las "prepagas" como cuestión cotidiana de debate sobre cómo mejorar nuestra atención médica. Las reformas sanitarias aplicadas por el kirchnerismo sirvieron para acercar alguna ayuda extra a los sectores más pobres, pero abandonaron a su suerte a las siempre protagonistas clases medias.

Estados Unidos plantea hoy un rico debate entre los candidatos demócratas sobre cómo afrontar la reformulación del sistema sanitario norteamericano. El denominado "mandato-individual" es puesto sobre la mesa de discusión debido al creciente costo que cada familia estadounidense debe afrontar a la hora de pagar su seguro médico.

Reforma fiscal: Los impuestos que pagan los argentinos son muchos y superpuestos. Cada distrito (nacional, provincial y municipal) quiere (y debe) tener sus propias tasas, pero las distorsiones y la baja calidad de retorno de los impuestos como beneficios para el contribuyente, debilitan el sentido del cumplimiento de su pago.

En España, el Partido Popular puso en su agenda electoral la cuestión de la reforma tributaria. El eje es el reconocimiento de que la economía ibérica ya muestra signos de desaceleración. La propuesta: exenciones fiscales para los que menos ganan, rebajas impositivas a las mujeres trabajadoras, etc

Reforma económica: Gran tema de debate argentino en los 90 menemistas, como fruto de un país que atrasaba económicamente y que por idas y vueltas políticas terminó obligado a debatir ante la inevitabilidad de un modelo neoliberal que arrasó con muchos de los privilegios sociales de los trabajadores argentinos.

En este 2008, Francia y su polémico presidente Sarkozy apoyan una amplia reforma liberal para darle re-impulso económico a su país. Medidas como flexibilidad laboral, supresión de edad jubilatoria obligatoria y reforma sindical no fueron abiertamente criticadas por el socialismo francés, aunque ya provocaron marchas masivas en las calles.

¿Y en la Argentina qué pasa? ¿Todo está bien?

Por mala o por buena, una reforma es un reconocimiento público de que algo no anda bien en un país. Pero si nada es motivo de debate reformador, algo anda peor.

¿Acaso la Argentina tiene solucionado su marco político-partidario, en el cual sólo hay un partido cuasi-hegemónico como el PJ, con sellos partidarios satélites que apenas si logran ganar distritos aislados (con la siempre excepción de la ciudad de Buenos Aires)?

¿Acaso el sistema electoral está a la altura de las demandas de los ciudadanos? ¿Ya nos olvidamos lo que fue la elección presidencial de octubre?

¿El sistema impositivo argentino es tan solidario, progresivo y eficiente como para no tocarlo?

¡Vamos! No nos engañemos, que si algún debate no se genera, no es porque no exista, sino porque no conviene que asome a fin de no alterar el orden-de-lo-dado.

No es casual que este panorama se de en un país de régimen político de cuasi-partido-único, con negocios fluidos entre los sectores dominantes (político, empresario, agropecuario, sindical) y con estímulo del consumo, éste último, como estrategia para calmar los ánimos de la burguesía argentina clasemedista.

Todos ligamos algo de la torta argentina; pero el debate debe ser por mejorar el reparto.

No hay comentarios.: