domingo, 30 de septiembre de 2007

Talleres clandestinos: un premio para los que los descubrieron y lo contaron

La fundación del escritor colombiano Gabriel García Márquez otorgó el premio Nuevo Periodismo Iberoamericano a un grupo de jóvenes argentinos. Son egresados de la escuela de periodismo Eter, quienes presentaron su tesis de graduación. La producción realizada por Alberto Recanatini, Mauro Saraniti, Paula Capristo y Fernando Cacurri obtuvo el primer premio en la categoría radio.

El trabajo premiado (informe de aproximadamente media hora) investiga durante el período 2004-2005 el florecimiento y apogeo de los talleres clandestinos de confección textil en varias villas porteñas.

El informe relata en primera persona el paso a paso de una sólida investigación periodística radial; desde los primeros datos sueltos sobre los talleres clandestinos, la concatenación de distintos elementos de prueba, la indagación de aquellos personajes vinculados al negocio textil y el entrecruzamiento de información que deriva en una verdadera confirmación de la hipótesis de investigación.

Vale la pena (¡y mucho!) escuchar el informe.

¡Felicitaciones chicos!

escuchar el informe

lunes, 17 de septiembre de 2007

¿Alguien de ustedes tiene ética? ¡Qué antiguo!

Es habitual escuchar hablar sobre hombres y mujeres "faltos de ética". Ahora bien, ¿qué será esto de la ética? De seguro que en clave moderna y argento escucharemos hablar de esos hombres y mujeres como "aquellos que no tienen códigos". ¿Será lo mismo ética que códigos? Más bien parece que lo de ética y moral suena a cosa de otra época, mientras que eso de los códigos se nos presenta como algo menos pretencioso, más maleable y alcanzable para las almas que llevamos dentro.
Esto de la ética y de los códigos es ni más ni menos que compartir algo con los demás dentro de un ámbito social y que nos hace parte del mismo mediados por ciertas reglas de convivencia.
De esto se trata el ensayo del profesor Joachim Böffmann, a quien agradecemos estas líneas que reproducimos a continuación.
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LA INNECESARIEDAD DE LA “ÉTICA”
Por el Prof. Joachim Böffmann

Filósofos, religiosos, juristas, psicólogos y hasta los más diversos pensadores han propuesto (y argumentado), desde el origen de la civilización hasta nuestros días, la necesidad de que las acciones humanas sean reguladas según ciertas normas o reglas. Esas normas de convivencia gregaria se escindieron, al compás de la conciencia, originándose de este modo las leyes y los valores. Los primeros son aquellos que nos permiten vivir en una sociedad civilizada, pero los valores, en cambio y al contrario, son aquellos que nos hacen juzgar las acciones y entrar en el ámbito de la reflexión, del bien y el mal, de la culpa; de la psicopatía, no de la pena, del castigo y de la legalidad. De esta manera, la historia de la ética o moral (poco importan las distinciones ya) ha sido hasta el presente el intento de justificación racional de tales o cuales acciones a la luz de la infantil dialéctica del bien y del mal, sin la cuál nos resulta casi imposible e inconcebible hablar y pensar.

Pero ya algunos hemos ingresado en la mayoría de edad, por lo que deberíamos pasar por alto la “historia de las justificaciones”, de eso subjetivo que pretende erigirse en juez de las acciones (principalmente de los demás) y volver a hablar en términos primitivos, al tiempo que genuinamente humanos, es decir, evolucionistas. Pues ya ha sido superado “el bien y el mal”, y aun nos hemos quedado con las leyes –con lo que queda manifiesto que el abandono de la “ética formal” no trae consigo la anarquía, sino la reconsideración sustantiva (“objetiva”) de los valores y su consecuente caída (y relativización de todas las cosas, y pérdida de poder de muchos). Ya sabemos que los valores son un invento de las culturas (y ni siquiera de todas, ni de todos los tiempos), así como las leyes, salvo que éstas poseen la ventaja del no permitir juzgar “según el bien y el mal”, sino lo conveniente o no para una sociedad, para una ciudad, para una adecuada convivencia, y aplicar la pena, no inculcar la culpa, a las acciones que hayan atentado contra el bienestar general.

Hablar en términos evolucionistas ni implica declarar una libertad absoluta ni una permisividad anarquista, sino entrar en la dimensión exacta de lo humano: lo beneficioso y nocivo para su existencia. En efecto, es evidente, constatable empíricamente, que hay cosas que dañan o benefician el organismo humano (incluyendo su dimensión psíquica, desde ya, aunque siempre sea, a nuestra forma, de modo monista, como es de esperar de todo genuino evolucionismo contradualista) del humano y otras muchas cosas que precipitan su deterioro. Pero sólo aquí, y desde aquí, se puede hablar de lo perjudicial o nocivo para la vida humana.

Hemos caído en la cuenta ya de que no hay nada determinado ni preestablecido, y que el ser es una realidad dinámica, y que su vida debe fluir con el devenir universal, y a su ritmo, a fin de no estancarse en su progreso integral. Pero el estatismo antiviral de una ética o moral lo frena y lo ata, lo detiene, lo hace involucionar al obligarle a adoptar “una segunda naturaleza”; una naturaleza impropia, no-suya, no humana, infrahumana. Pues la naturaleza –en caso de que se admita su existencia– no se inventa ni se declara, se da, y, en el mismo acto de darse, ya está deviniendo, trasmutando, y enseñándole a la conciencia humana cómo deben transmutar los criterios que vaya adquiriendo (que muchos utilizan como fundamento de los valores) según el conocimiento, progreso y conveniencia del mismo hombre y su concreta realidad.

La evolución del cerebro humano le ha llevado a descubrir al hombre, y hasta poder vivir, una realidad que las demás especies animales aun no han descubierto: la responsabilidad en sus acciones (ese parece ser el nombre propio del peso específico de su inteligencia o conciencia). En efecto, parece que lo genuinamente humano es que siempre y cuando no se convierta uno en una fuente de perjuicio para uno y para el otro debería poder hacer lo que considere conveniente. Y ésta es la única ética que se debe aceptar.

Sin duda que será imposible excluir de nuestras vidas el “juicio intelectual”, pero poco a poco debemos ir abandonando el “juicio moral”, y dejar al hombre vivir en su estado original: sin culpas, sin remordimientos, sino con responsabilidad, con uso conciente de su libertad, ayudándolo a reflexionar sobre las consecuencias mediatas y últimas de sus acciones e invitarlo a una libertad lo más pura posible, sin afecciones de ninguna clase, que no hacen más que deshumanizarlo, volviéndolo un tirano de los demás, ya que “el único valor posible” –si cabe alguno, si no es posible borrar del historial de la mente humana el término y concepto– a tener en cuenta debe ser el beneficio de la existencia individual y el respeto por la existencia de los demás.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Tobas: ¿Exterminio silencioso?


Les presento el trabajo de mi gran amiga Carolina Gil Posse. El informe fue hecho en la provincia de Chaco y habla sobre un drama que parece no tener fin: son los Tobas y su larga agonía.
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Coproducción de Radio Mitre, Argentina y Radio Nederland Wereldomroep

Carolina Gil Posse - Provincia de Chaco

En Argentina, el Defensor del Pueblo de la Nación presentó una demanda ante la Corte Suprema de Justicia para pedir que se detenga 'el exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable' de las comunidades aborígenes que habitan la provincia de Chaco, en el norte del país. Desde julio de este año, al menos 14 aborígenes tobas murieron a causa de enfermedades derivadas de la pobreza extrema.

El gobierno provincial sostiene que la difusión de estas muertes a través de la prensa es parte de una campaña de desprestigio que 'dejará secuelas en la imagen de la provincia no sólo a nivel nacional, sino incluso internacional'. Radio Nederland visitó la zona conocida como el Impenetrable chaqueño, 1300 kms. al norte de la ciudad de Buenos Aires.

En el umbral del Impenetrable, una zona de cuatro millones de hectáreas de monte espinoso, el clima es seco y cálido. Aquí, cerca de 30 mil aborígenes tobas sobreviven como pueden, en condiciones de extrema pobreza. "Nosotros lo definimos de esta manera: pobreza extrema, desnutrición, enfermedades como la tuberculosis, el chagas, otras enfermedades propias de la pobreza, más desnutrición, vidas perdidas prematuramente o fallecimientos que se producen por causas evitables", dice Rolando Núñez, coordinador del Centro de Estudios Nelson Mandela, una organización de derechos humanos de la provincia de Chaco.

Desde julio, en esta zona del Impenetrable chaqueño, 14 personas murieron a causa de la pobreza extrema. Todos eran aborígenes tobas. El Centro de Estudios Nelson Mandela denunció que en mayo un equipo multidisciplinario, dependiente del ministerio de Salud de la provincia, había detectado e informado que 92 personas, todos aborígenes, presentaban distintos grados de desnutrición.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Los "0,75": hijos del caos del transporte público bonaerense

Quien no conoce las entrañas del conurbano no podrá ser capaz de entender la idiosincrasia bonaerense. Muchos aspectos de la vida diaria de los vecinos que viven a varios kilómetros de la Capital Federal se constituyen a partir de las carencias.

El transporte público (su ausencia) es una realidad que se compensa con variantes como los remises ilegales. En el conurbano se les dice "los cerosetentaycinco". Reemplazan a los colectivos que no ingresan en barrios de calles rotas o simplemente sin asfalto. Serpentean calles difíciles más por la inseguridad que por su intransitabilidad. Desplazan a los remises legales y se adueñan de los vecinos de a pie, quienes los aceptan más por necesidad que por convicción. Eso es un cerosetentaycinco, ni más ni menos.

Este pequeño informe es una pincelada de esa realidad. Los testimonios recogidos pertenecen a vecinos de la localidad de Laferrere, partido de La Matanza. Laferrere es una de las localidades del Gran Buenos Aires que concentra el mayor número de transporte ilegal y allí estuvimos para hablar con los protagonistas.

(la imagen no es antojadiza: gran parte de los cerosetentaycinco que circulan por el conurbano bonaerense son Ford Falcon, con una antigüedad que supera los 20 años; lo del perro es toda una alegoría)